jueves, 18 de febrero de 2010

El estrés

Luis Manuel Román Cárdenas
UIA


La vida intensa que vivimos en la ciudad hace que nos estresemos de manera importante. Sin duda alguna una de las principales causas es la aceleración de nuestras actividades cotidianas. Además el convulsionado tránsito que muchas veces nos hace perder largas horas.

Los efectos en nuestra salud no se hacen esperar; gastritis, ulceras, dolores de cabeza y hasta paros cardiacos son algunas enfermedades que nos aquejan por la referida situación de tensión que genera el estrés. Aunado a lo anterior, últimamente se ha incluido en nuestra cotidianidad la zozobra por la inseguridad que vivimos en algunas ciudades de nuestro país. Las autoridades encargadas de velar por la seguridad de los ciudadanos en gran parte tienen la culpa del clima de violencia que actualmente se ha desatado por todo nuestro territorio nacional.

Muchas veces optamos por contrarrestar al estrés con la misma violencia con la que nos ataca. Otras veces optamos por evasivas como las drogas, el alcohol y el sexo. Hasta cierto punto estas últimas evasivas nos pueden ayudar a superarlo. Sin embargo, si se abusa de ellas corremos el riesgo de caer todavía más profundo en el estrés.

Pero, si bien cabe señalar algunas causas que ocasionan el estrés, es pertinente también proponer algunas alternativas que remedien dicho mal. Por principio de cuentas para alcanzar este fin, es necesario llevar una vida sana en la que se practique algún deporte, pues esto en gran medida nos ayudará a bajarnos el estrés. Consideramos que la buena alimentación debe de ser un elemento más para este fin.

También la diversión y los paseos son esenciales para tener una vida relajada. Por supuesto, la cultura se incluye en estos últimos, toda vez que la diversión y los paseos incluyen a la ciencia y al arte en general. Cuidemos pues que el estrés no nos agobie tratando a toda costa de eludir todas aquellas influencias negativas que lo hacen más intenso.

jueves, 11 de febrero de 2010

Panopticismo

Tropos de la memoria
Panopticismo

Por Ilán Semo, UIA
En el texto que Michel Foucault escribió sobre el diseño en que Bentham desarrolla en el siglo XVIII la idea de un presidio basado en el principio del panoptikum, se puede leer una visión sobre los tejidos del poder moderno que define, vista de desde la perspectiva de hoy, una ruptura en la historia misma del concepto de “poder”. Para Foucault el poder cobra sentido, ante todo, como una estrategia de vigilancia. Y vigilar supone, como operación esencial, una estrategia de observación. Doble estrategia: una manera peculiar de ordenar las cosas que se miran y la forma en la que se miran.

El Panoptikum de Bentham concibe un presidio circular o cuadrado, cuyas paredes interiores están constituidas por las celdas que recluyen a los presos. El preso tiene así una visión hacia el patio central, en el que se ubica una torre de una altitud mayor a la de los muros que sostienen a las celdas. Los guardias principales están situados en la parte superior de la torre. Así se logra una geografía en la que el guardia de la torre puede observar/vigilar las 24 horas a cada uno de los presos en la intimidad de sus celdas sin ser él mismo observado. Y más aún: puede vigilar a los vigilantes que atienden a los presos, sin que éstos sepan necesariamente cuál de los guardias los vigila.

La mirada del vigía central satisface así el requisito de poder vigilar todo el presidio y cada una de sus partes escapando a cualquier posibilidad de ser observado él mismo. Un ordenamiento que no dejaba de ser revolucionario en las prácticas carcelarias. La idea misma de poder observar el todo y sus partes, una idea que en el siglo XVII sólo era atribuible al ojo de la divinidad, adquiría así una solución sencilla y práctica. Foucault sugiere –aunque nunca se dedicó a investigarlo- que ese principio de observación acabó rigiendo otros órdenes modernos de encierro como la escuela, el hospital, el cuartel, etcétera, en donde el requisito de vigilar a los que vigilan suponía un nuevo tejido de seguridad y observación.

La pregunta de si este nuevo “orden visual” tuvo algún efecto sobre la mirada de la pintura a partir de la segunda mistad del siglo XIX se ha postulado de manera dispersa. Pero acaso habría que prestarle mayor atención de la que se le ha conferido. Al parecer, por ejemplo, una manera de codificar (o descodificar) ciertos cuadros de Escher daría pie a repensar la posibilidad de que el Panoptikum de Bentham incluía una orden visual más extenso y diseminado que el que suponía tan sólo el orden carcelario, al cual se le podría llamar simplemente panopticismo, tal y como lo sugieren V.R. Schwartz y J.M Przyblyski en su antología sobre la cultura visual del siglo XIX (The XIX century visual cultura reader, Routledge, 2004) La imagen Asalto mortal en el tiempo, en la que unos trabajadores limpian una superficie suspendida en el vacío, a la cual es imposible definir como un “piso” o un “techo”, donde el “arriba” y el “abajo” se confunden hasta la ironía, y el “atrás” y “adelante” son convenciones ya insostenibles, configura precisamente un orden en el que es posible observar “el todo y sus partes” sin perder la dimensión de ninguna de ellas.

El dilema o la paradoja del cuadro es que Escher ha inventado un orden visual que marca una ruptura, digamos terminal, con cualquier forma imaginable del “principio de realidad”. Y su ironía es que el efecto de panoptikum, el panopticismo, que aspira a “capturar” microscópica y telescópicamente la “realidad”, se haya traducido en una pintura que inhabilita cualquier principio de realidad.

Otra pintura a la que rige una paradoja similar es el mural que Diego Rivera pintó en Palacio Nacional a partir de 1929. El mural despliega una “historia de México” en tres muros dispuestos como tres aristas de un rectángulo. En la cuarta arista, la de la escalinata, se sitúa quien observa el mural. La “historia” se representa a través de más de un centenar de figuras dispuestas bajo un orden que ha suscitado las más variadas discusiones, desde su definición a partir del fauvismo (Octavio Paz) hasta quien ha encontrado en él un misterioso subtexto de la imaginación masónica. Sea como sea, lo que observamos en el extenso fresco es, una vez más más, un orden que nos permite observar “el todo y sus partes” simultáneamente. Pero precisamente la incertidumbre de esa discusión nos da a entender que Rivera desactivó cualquier relación posible con algún “principio de realidad”, tal y como le es dado a la pintura política del siglo XIX. El panopticismo del mural acarrea la misma ironía que los laberintos interminables de Escher: el todo es un concepto que, llevado a la tela o a los muros, sólo es concebible como el grado cero del efecto de realidad.

jueves, 28 de enero de 2010

El amor es violento, irresponsable y creador


Carlos Gómez, psicoanalista y académico de la UIA


Sin duda alguna el filósofo más importante aún vivo, y quien será el filósofo más trascendental para este siglo, es el franco-marroquí Alain Badiou. Para él la filosofía únicamente es posible si se compone de cuatro condiciones: la política, el arte, la ciencia y el amor. Sobre estas condiciones le ha dedicado un libro completo a cada una… excepto al amor. Pero no fue hasta noviembre del año pasado cuando su última publicación Éloge de l’amour abordó el tema del amor con profundidad.

El filósofo y profesor de la École Normale Superieure se pregunta con rigurosidad y mucha pasión sobre lo que hoy se entiende por amor en nuestro mundo. Para él, se torna imprescindible “reinventar el riesgo y la aventura contra la seguridad y la comodidad”. Badiou está convencido que si el amor es el tema que más interesa a los humanos es justamente porque es lo que dona a la vida de intensidad y significación. Es por ello que lamenta que hoy al amor se le confine al régimen de la ausencia total de riesgos.


El amor en Facebook, donde el perfil de la posible pareja contenga su foto, sus gustos, sus hobbies, su profesión, etcétera, es posible como una inmunización al riesgo. El amor hoy está “descafeínado”, es decir, se intenta tomar con todo su sabor pero sin sus riesgos y consecuencias inherentes. Los títulos de los libros de superación personal y la literatura “Sanborns” son ejemplares: “¡Oye! Tu alma gemela te está esperando”, “¡Libérate de la manipulación!” o “El amor no tiene que doler”.


La figura de un coach que nos daría los mejores consejos sobre las artes amatorias bien podrían ser Gaby Vargas, Deepak Chopra o Jorge Bucay: serían ellos quienes nos liberarían del peso del amor para asegurarnos la insoportable levedad de la paz y la armonía.

Pero esta amenaza se cierne sobre el amor por dos flancos: por su lado izquierdo por una concepción libertaria que lo reduce únicamente a las variaciones sobre el sexo; por el lado derecho por la concepción liberal que lo subordina al contrato, el matrimonio y la familia.


Los primeros afirman el derecho de los individuos democráticos “el goce bajo todas sus formas, sin ver que, en un mundo mercantil, sirven de precursores de la pornografía, uno de los mercados planetarios más importantes”. Los últimos ven el amor como un contrato entre dos individuos libres e iguales: no podemos olvidar que el matrimonio toma su etimología de “madre”, lo que asignaría al género femenino el lugar de madre únicamente, su contraparte sería el patrimonio.


Maternidad y propiedad definen el amor bajo el contrato conservador del Estado. Conviene recordar aquí las ideas (parafraseadas) de dos filósofos alemanes: 1) Kant: “el matrimonio es un contrato que asocia a dos personas de distinto sexo para la posesión mutua de sus atributos sexuales toda la vida”; 2) Schopenhauer: “Las mujeres son una trampa que la especie humana plantea a los individuos para reproducirse”.


Engatusamiento y contrato son los dos momentos que la derecha ve en el amor; cinismo y placer las condiciones que la izquierda propone.
“El amor es el examen del mundo desde el punto de vista del Dos” continúa nuestro filósofo, lo que quiere decir que es la apuesta (con riesgos) de pensar el mundo juntos sabiendo que lo único que los une es la diferencia (conjunción disyuntiva diría su maestro Gilles Deleuze).


Las decisiones más fuertes en el amor ponen en riesgo la fragilidad de la diferencia que los une: un cambio de trabajo, el nacimiento de un hijo, las enfermedades, grandes cambios en la vida, etcétera. “Punto por punto” se construye el amor a través de la diferencia.


Para Badiou los enemigos del amor son la familia (que traicionaría el dos de la diferencia por el tres), el egoísmo (que se atrinchera en dos unidades separadas) y la posesividad pasional (que fusiona el dos en un Uno que sofoca). En cada decisión se juega la fidelidad o la posible traición del amor.


El amor se inicia en el encuentro azaroso para convertirse en un Dos, luego la vida de a dos se construye y el amor se realiza en la duración de esa experiencia: no es simple encuentro fugaz sino la perseverancia de experimentar el mundo a través del Dos y construir la eternidad desde la diferencia.

jueves, 21 de enero de 2010

Irresponsabilidad social


Francisco V. Galán, director de Medio Universitario
UIA

De repente se puso de moda. ¿Qué hay de malo con la moda? La verdad sí hay mucho de malo. Durante su dominio es una tirana absoluta. Quien no viste, habla, se comporta, come, lee, etc., así, está perdido, afuera, en el pasado, en la insignificancia. Todavía eso lo paso, pero lo peor es después de la resaca, ya que ahora la moda anterior es lo más insignificante y sin valor que hay.


Son como aquellas novias que uno tanto amó y que por alguna razón no funcionó, o bien lo dejaron a uno. Donde sólo había complacencia ahora sólo hay reproches. Eso está pasando con la “responsabilidad social”. La palabra no es mala, por el contrario es bastante buena, es muy completa, permite incluir matices profundos. Filantropía no compite con ella.


Programas sociales, acción social, promoción, ayuda, solidaridad, civismo, ética, coherencia, integridad. La responsabilidad social incluye esos matices y aún más. En las propuestas hacia el ISO 26000 se están considerando siete rubros. Nosotros en la Asociación de Universidades Jesuitas de América Latina (AUSJAL) estamos hablando de cinco dimensiones o impactos.


La palabra combina muy bien la coherencia y cuidado de lo interno de una organización, con la atención a los deberes cívicos, el medio ambiente, la incorporación y promoción de los excluidos.
Pero se puso de moda. Ahora las empresas se quieren certificar como socialmente responsables. Las compañías más lucrativas en los negocios más mercantilizados de lo humano apoyan al TELETON o a causas socialmente responsables.


Tal vez veamos una asociación de pederastas construyendo un orfanatorio. No sé por qué me quejo si la ambigüedad es el pan nuestro de cada día, si somos una sociedad que olvida rápida y fácilmente las atrocidades del góber precioso y su círculo de amigos. (Y por favor que algún lector no me ponga en el extremo mnemotécnico de Martín Esparza de decir que hacía su marcha el 5 de diciembre porque él sí tenía memoria histórica de los sucesos de ¡¡¡ 1911 ¡!!).

En la cresta de la ola, ahora viene el lucro de las certificadoras y “promotoras” de la responsabilidad social empresarial. Los gobiernos de los estados organizan sus ferias y encuentros. Las universidades nos peleamos por ver quién está a la cabeza en acciones sociales.


Surgen organizaciones que compiten por el pastel ¡Cómo si fuera para presumir lo que nos debería dar vergüenza!

¿No hay nada bueno en esta moda? Sí, sí veo cosas buenas. Lo dije el otro día en una reunión de las que están de moda. Hay empresas un poco más serias en el tema que quieren eficiencia también en el manejo de los recursos que invierten en la moda y en cierta liberación de la presión fiscal. (¿No sería más responsable pagar los impuestos?) Esa exigencia de eficiencia, sí ha traído ventajas.


Hay buenos proyectos que se están promoviendo y que sí están beneficiando a grupos vulnerables. Hay historias de éxito. Son muy pocas, son completamente insuficientes, y casi no se están replicando, pero existen. ¡Y en este país!

Ya lo dije mi temor no es ahora, mi angustia es cuando en cinco o seis años la moda cobre su nueva víctima y entonces pensemos que hicimos bien en no tomarnos tan en serio la responsabilidad social, que hicimos bien en conformarnos con nuestro maquillaje y nuestros lentes para el sol. Para que tanto brinco si ya hay voces científicas de que el cambio climático quizás no es culpa nuestra…..

miércoles, 13 de enero de 2010

Hablar por teléfono


Alfonso Mendiola

Departamento de Historia, UIA


¿Cómo ha cambiado la evolución del teléfono la toma de decisiones? Para pensar esto debemos comenzar por la conversación más natural: la que realizamos con otra persona en un mismo lugar. Si nos detenemos en la comunicación cara a cara, debemos sacar la conclusión de que una decisión se tomaba, por dos personas o un grupo, en un espacio particular: la sala de juntas.


La sala de juntas obligaba a planear con anticipación las reuniones y el tiempo que iban a durar. Por otro lado implicaba el desplazarse de la casa al lugar de la reunión. Si añadimos que no había teléfono, las reuniones se tenían que programar con mucha anticipación y por un largo periodo.


Lo anterior significa lo siguiente: todos los participantes en la toma de decisión sabía que tenían que verse todos, y digo todos, los jueves de fin de mes a una hora determinada y en la sala de juntas. Pensemos el tiempo que eso implicaba y la planeación que exigía. Hay algo que quiero destacar de esta forma de tomar decisiones: los cuerpos y los rostros se hacían presentes. La gente se sentaba alrededor de una mesa y se veían los rostros unos a otros.

Después vino el teléfono fijo. A partir de ese momento las personas se podía citar de una semana a otra, es decir, las juntas no estaban calendarizadas, podían ser en cualquier momento. Los participantes podían saber con anticipación lo que se iba a tratar en cada reunión. Aún más, haber conversado con algunos de los participantes para llevar una propuesta común. De alguna forma la junta estaba preparada en sus contenidos de manera previa. Un límite era que no se podía encontrar a las personas en cualquier momento y cualquier lugar, pues el teléfono estaba o en la casa o en la oficina. Las personas no estaban al alcance en cualquier lugar y en cualquier momento. De alguna forma había que anticipar las cosas, nada al momento.

Finalmente llegó el teléfono móvil o celular, y lo vino a cambiar todo. Mientras que la llamada al teléfono fijo comenzaba por “bueno”, “con quien hablo”, “se encuentra tal persona”, etcétera. El teléfono móvil o celular construye una forma de comunicación absolutamente inédita.


La conversación comienza por la enigmática pregunta “en dónde te encuentras”, pues el móvil posibilita la ubicuidad absoluta. Para entender lo anterior bastaría con que cada lector pensara en que lugares ha contestado su celular: el coche, caminado por una pasillo, en un restaurante, en un cine, etcétera. La segunda pregunta es “puedes hablar, no te interrumpo”.


Todo los lugares en que se podría estar cuando se contesta un celular hacen que transformemos nuestra concepción de la comunicación. ¿Quién no ha visto a personas caminando por una calle y hablando por el celular? Ahora estamos a disposición permanente todo el tiempo. Hay de aquel que no conteste su celular. Estamos ante un mundo de la disposición absoluta. Este invento ha construido un mundo de la toma de decisiones totalmente nuevo.


En cualquier momento se puede tomar o cambiar una decisión. Hemos entrado en el mundo del tiempo cero, es decir, todo se hace al momento. El mundo del teléfono celular es el mundo donde sólo existe el presente inmediato, ya no hay pasado ni futura. El teléfono móvil como el imperialismo del presente. Por todo lo dicho, hagamos un homenaje, en este diciembre, a los hombres que se toman su tiempo para reflexionar con calma lo que deben hacer.

jueves, 17 de diciembre de 2009

El Bicentenario tras bambalinas

Emilio H. Quesada Aldana
Universidad Iberoamericana

La noche del 15 de Septiembre de 1810 inició nuestra lucha libertaria, pero ésta terminó con el fusilamiento de Morelos el 22 de Diciembre de 1815. Después vinieron otros sucesos como el de Francisco Xavier Mina, con otras raíces, cuyos ingredientes alimentaban otros enfoques.

El 21 de Septiembre de 1821 se consumó nuestra Independencia y comenzamos a ser libres de la tiranía que nos ligaba a España, pero analicemos los principios del ahora.

La España que nos engendró en el maridaje con las múltiples sangres indígenas fusionadas durante 300 años, partió del idealismo unificador de los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, en un deseo de integrar una España totalmente dispersa con el vínculo medieval de la única fe admitida. La fe que remataba en Cruz todas las coronas, producto del Sacro Imperio Romano convertido desde Constantino.

Bajo esta filosofía vivieron los Templarios, Cruzados, Monjes, Mendicantes y la iglesia en general, hasta la Reforma y la Contrarreforma.

Cuando América fue descubierta en 1492, solo se justificaba su dominio mediante la acción evangelizadora que redimiría a los paganos para alcanzar la única salvación. ¿Qué importaban todas las consecuencias temporales si al fin se les daba la salvación eterna?. Los Austrias, desde el Escorial, fueron consecuentes con este transcurrir filosófico. Se le llamó Hispanidad, “Si somos hijos de un mismo padre que es Dios, somos hermanos entre sí, de donde se sigue la igualdad esencial entre los hombres y entre los pueblos”.

Este concepto fue vigente con sus bemoles hasta el siglo SXVII, pero al gobernar los Borbones, a partir del siglo SXVIII, viene una mentalidad colonialista como la que habían conformado las posesiones inglesas y francesas, y el calvinismo había creado, según ellos, a los “auténticos hijos de Dios que podían y debían aprovechar a los réprobos a quienes ni Dios había aceptado (origen del Destino Manifiesto)”.

Este imperio español, explotador y ajeno, coincidió con el mayor auge mexicano, cuando ya nos empezábamos a llamar así: “Mexicanos”, cuando nuestra moneda era
la divisa fuerte en el comercio con Oriente, y la plata mexicana construía el Palacio Real de Madrid, y los baluartes caribeños, más por motivos económicos que bélicos.

La injusticia planteada por Abad y Queipo al Rey, no logró mermar nuestro saqueo, y la sociedad mexicana planeó un golpe de estado que comandado por el Ejército con Allende a la cabeza, sería avalada por la población civil , acaudillada por Hidalgo. Se lucharía por una justicia social. Este despertar, tras los errores de quienes no eran agitadores sino líderes, terminó con el fusilamiento de los primeros caudillos en 1811.

Tomó la estafeta Morelos, y logró grandes avances militares, pero sobre todo creó una conciencia de realidad social con “Los Sentimientos de la Nación” y el primer intento constitucional de México. El caudillo murió fusilado en 1815 por haber creído que los suyos eran aptos para la democracia. Con él muere el proyecto de una Independencia desde el pueblo y para el pueblo.

En 1821 la oligarquía que había derrotado a los Insurgentes se ve amenazada por el poder de facto de la masonería española en la revuelta llamada Revolución de Riego, jurando la Constitución de Cádiz que terminaba por anular aquella “Hispanidad” que nos había engendrado en el respeto a la Iglesia institucional y sus privilegios, afectando también a un mundo conservador con el pretexto de una liberalidad de cuño extranjero.

Las pláticas, que ahora llamaríamos de café, se llevaban tradicionalmente en La Profesa, iglesia anteriormente jesuita, en donde se recurría a las sabias exposiciones de los hijos de Loyola. Ahora el canónigo Matías de Monteagudo continuaba como anfitrión de los casos trascendentales.

En La Profesa acordaron que la Independencia que habían sofocado 6 años antes hubiera sido la solución para los problemas presentes. Ahora se procedería a ella pero desde los planteamientos de una sociedad patriota y nacionalista, mas burguesa.

Agustín de Iturbide, criollo, originario de Valladolid (Morelia), quien acabó con Morelos pero en opinión de Calleja (el comandante realista) y de los observadores de la época, el único que sería capaz de lograr la Independencia, fue el elegido para comandar el ejército que lograría la victoria.

Ésta se consumó el 21 de Septiembre de 1821, sin derramamiento de sangre, bajo el ideario que significaban los colores de nuestra bandera, inventada entonces para pregonar la lucha del Ejército Trigarante o de las 3 Garantías. Verde, color de esperanza, la lucha del pueblo mexicano por su Independencia; blanco, color de pureza, la de la religión católica mancillada por la legislación española; y rojo, color de sangre y amor: la unión de mexicanos y españoles por medio de la sangre, o sea el mestizaje de la nueva patria.

¡Quién le iba a decir a España que México consumaría su Independencia en defensa de la Hispanidad engendradora de la Mexicanidad.!

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Crónica de una apocalíptica chabacana en el siglo XXI


Pero el día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos… (Mt. 24:36)

Miguel Ángel Sánchez Carrión
Coordinador del Centro de Humanidades
Dirección de Educación Continua
Universidad Iberoamericana

Vengo escuchando desde hace algún tiempo una perorata sobre el fin del Mundo. Algunos dicen que los mayas lo predijeron para el 2012 y que su calendario era de los más exactos hasta ahora conocidos.


Esto, a pesar de que cualquier calendario actual es mucho más eficiente que el que podrían haber tenido los mayas que se encontraban en la Edad de Bronce. Lo que en realidad sucede es que en todo esto hay un sutil dejo de esoterismo socavado que quiere otorgarle a los mayas una sabiduría oculta, parecida a la que se le atribuye a los antiguos egipcios y que realmente no tiene ningún fundamento ya no digamos científico, sino de sentido común.


La precisión del llamado Calendario Maya es tan ambigua como el contenido del Libro de los Muertos o del Corpus Hermeticum, Es decir, está más en la mente de quien lo lee que en el texto mismo y estos libros, junto con muchos otros sobre el mismo tema, deberían agruparse en un Corpus Fantasticum, ad hoc para su volátil imaginación.


Otros, sin duda no menos obtusos que los anteriores, atribuyen el fin del Mundo al alineamiento planetario que tendrá lugar el 21 de diciembre del 2012, a pesar de que hemos tenido incontables alineamientos planetarios a lo largo de la historia y nunca ha pasado nada, como tampoco nada pasará en el alineamiento que viene.


Otros más seguramente asignan a Nostradamus y alguna de sus profecías que nadie entiende y por eso se pueden adaptar a casi cualquier evento sin que tenga ninguna importancia el lugar, la época o los protagonistas.


Pero de todos ellos, los que me han parecido más extraordinarios son los que atribuyen el fin del Mundo a lo que han escuchado de películas como la que lleva por título “2012” de Sony Pictures. Lo que me parece extraordinario es que exista gente que entienda la realidad a partir de la ficción y no la ficción a partir de la realidad.


El hombre es, dice Xavier Zubiri, un animal de realidades, no un animal de ficciones. Se alimentan de ficciones quienes tienen una mente anoréxica.


La agudeza mental proviene de la lectura, la meditación, la dialéctica y aquello que los griegos llamaban theoria y que consiste en un cuidadoso examen con la mirada que, junto con la Sophia, que suele traducirse como sabiduría y, al unirlas, el espíritu griego hizo emerger lo que hoy se llama filosofía y que consiste en el gusto por la sabiduría, pero no la sabiduría chanflona de que hablan los esotéricos y apocalípticos, sino aquella que proviene del cuidadoso examen de la realidad que la inteligencia hace, inter (entre) y legere (leer), al “leer” la realidad.


Es aquí donde justamente encontramos la sabiduría de occidente y no en tradiciones entenebrecidas por la superstición y la ignorancia. Si el fin del Mundo ha llegado, es porque el Mundo (Kosmos) en tanto que es orden, como lo entendieron primero los griegos y después los latinos, ya no existe. Ahora reina el desgarriate, la inconsistencia, lo que los mexicanos llamamos el desmadre.