jueves, 28 de enero de 2010

El amor es violento, irresponsable y creador


Carlos Gómez, psicoanalista y académico de la UIA


Sin duda alguna el filósofo más importante aún vivo, y quien será el filósofo más trascendental para este siglo, es el franco-marroquí Alain Badiou. Para él la filosofía únicamente es posible si se compone de cuatro condiciones: la política, el arte, la ciencia y el amor. Sobre estas condiciones le ha dedicado un libro completo a cada una… excepto al amor. Pero no fue hasta noviembre del año pasado cuando su última publicación Éloge de l’amour abordó el tema del amor con profundidad.

El filósofo y profesor de la École Normale Superieure se pregunta con rigurosidad y mucha pasión sobre lo que hoy se entiende por amor en nuestro mundo. Para él, se torna imprescindible “reinventar el riesgo y la aventura contra la seguridad y la comodidad”. Badiou está convencido que si el amor es el tema que más interesa a los humanos es justamente porque es lo que dona a la vida de intensidad y significación. Es por ello que lamenta que hoy al amor se le confine al régimen de la ausencia total de riesgos.


El amor en Facebook, donde el perfil de la posible pareja contenga su foto, sus gustos, sus hobbies, su profesión, etcétera, es posible como una inmunización al riesgo. El amor hoy está “descafeínado”, es decir, se intenta tomar con todo su sabor pero sin sus riesgos y consecuencias inherentes. Los títulos de los libros de superación personal y la literatura “Sanborns” son ejemplares: “¡Oye! Tu alma gemela te está esperando”, “¡Libérate de la manipulación!” o “El amor no tiene que doler”.


La figura de un coach que nos daría los mejores consejos sobre las artes amatorias bien podrían ser Gaby Vargas, Deepak Chopra o Jorge Bucay: serían ellos quienes nos liberarían del peso del amor para asegurarnos la insoportable levedad de la paz y la armonía.

Pero esta amenaza se cierne sobre el amor por dos flancos: por su lado izquierdo por una concepción libertaria que lo reduce únicamente a las variaciones sobre el sexo; por el lado derecho por la concepción liberal que lo subordina al contrato, el matrimonio y la familia.


Los primeros afirman el derecho de los individuos democráticos “el goce bajo todas sus formas, sin ver que, en un mundo mercantil, sirven de precursores de la pornografía, uno de los mercados planetarios más importantes”. Los últimos ven el amor como un contrato entre dos individuos libres e iguales: no podemos olvidar que el matrimonio toma su etimología de “madre”, lo que asignaría al género femenino el lugar de madre únicamente, su contraparte sería el patrimonio.


Maternidad y propiedad definen el amor bajo el contrato conservador del Estado. Conviene recordar aquí las ideas (parafraseadas) de dos filósofos alemanes: 1) Kant: “el matrimonio es un contrato que asocia a dos personas de distinto sexo para la posesión mutua de sus atributos sexuales toda la vida”; 2) Schopenhauer: “Las mujeres son una trampa que la especie humana plantea a los individuos para reproducirse”.


Engatusamiento y contrato son los dos momentos que la derecha ve en el amor; cinismo y placer las condiciones que la izquierda propone.
“El amor es el examen del mundo desde el punto de vista del Dos” continúa nuestro filósofo, lo que quiere decir que es la apuesta (con riesgos) de pensar el mundo juntos sabiendo que lo único que los une es la diferencia (conjunción disyuntiva diría su maestro Gilles Deleuze).


Las decisiones más fuertes en el amor ponen en riesgo la fragilidad de la diferencia que los une: un cambio de trabajo, el nacimiento de un hijo, las enfermedades, grandes cambios en la vida, etcétera. “Punto por punto” se construye el amor a través de la diferencia.


Para Badiou los enemigos del amor son la familia (que traicionaría el dos de la diferencia por el tres), el egoísmo (que se atrinchera en dos unidades separadas) y la posesividad pasional (que fusiona el dos en un Uno que sofoca). En cada decisión se juega la fidelidad o la posible traición del amor.


El amor se inicia en el encuentro azaroso para convertirse en un Dos, luego la vida de a dos se construye y el amor se realiza en la duración de esa experiencia: no es simple encuentro fugaz sino la perseverancia de experimentar el mundo a través del Dos y construir la eternidad desde la diferencia.

jueves, 21 de enero de 2010

Irresponsabilidad social


Francisco V. Galán, director de Medio Universitario
UIA

De repente se puso de moda. ¿Qué hay de malo con la moda? La verdad sí hay mucho de malo. Durante su dominio es una tirana absoluta. Quien no viste, habla, se comporta, come, lee, etc., así, está perdido, afuera, en el pasado, en la insignificancia. Todavía eso lo paso, pero lo peor es después de la resaca, ya que ahora la moda anterior es lo más insignificante y sin valor que hay.


Son como aquellas novias que uno tanto amó y que por alguna razón no funcionó, o bien lo dejaron a uno. Donde sólo había complacencia ahora sólo hay reproches. Eso está pasando con la “responsabilidad social”. La palabra no es mala, por el contrario es bastante buena, es muy completa, permite incluir matices profundos. Filantropía no compite con ella.


Programas sociales, acción social, promoción, ayuda, solidaridad, civismo, ética, coherencia, integridad. La responsabilidad social incluye esos matices y aún más. En las propuestas hacia el ISO 26000 se están considerando siete rubros. Nosotros en la Asociación de Universidades Jesuitas de América Latina (AUSJAL) estamos hablando de cinco dimensiones o impactos.


La palabra combina muy bien la coherencia y cuidado de lo interno de una organización, con la atención a los deberes cívicos, el medio ambiente, la incorporación y promoción de los excluidos.
Pero se puso de moda. Ahora las empresas se quieren certificar como socialmente responsables. Las compañías más lucrativas en los negocios más mercantilizados de lo humano apoyan al TELETON o a causas socialmente responsables.


Tal vez veamos una asociación de pederastas construyendo un orfanatorio. No sé por qué me quejo si la ambigüedad es el pan nuestro de cada día, si somos una sociedad que olvida rápida y fácilmente las atrocidades del góber precioso y su círculo de amigos. (Y por favor que algún lector no me ponga en el extremo mnemotécnico de Martín Esparza de decir que hacía su marcha el 5 de diciembre porque él sí tenía memoria histórica de los sucesos de ¡¡¡ 1911 ¡!!).

En la cresta de la ola, ahora viene el lucro de las certificadoras y “promotoras” de la responsabilidad social empresarial. Los gobiernos de los estados organizan sus ferias y encuentros. Las universidades nos peleamos por ver quién está a la cabeza en acciones sociales.


Surgen organizaciones que compiten por el pastel ¡Cómo si fuera para presumir lo que nos debería dar vergüenza!

¿No hay nada bueno en esta moda? Sí, sí veo cosas buenas. Lo dije el otro día en una reunión de las que están de moda. Hay empresas un poco más serias en el tema que quieren eficiencia también en el manejo de los recursos que invierten en la moda y en cierta liberación de la presión fiscal. (¿No sería más responsable pagar los impuestos?) Esa exigencia de eficiencia, sí ha traído ventajas.


Hay buenos proyectos que se están promoviendo y que sí están beneficiando a grupos vulnerables. Hay historias de éxito. Son muy pocas, son completamente insuficientes, y casi no se están replicando, pero existen. ¡Y en este país!

Ya lo dije mi temor no es ahora, mi angustia es cuando en cinco o seis años la moda cobre su nueva víctima y entonces pensemos que hicimos bien en no tomarnos tan en serio la responsabilidad social, que hicimos bien en conformarnos con nuestro maquillaje y nuestros lentes para el sol. Para que tanto brinco si ya hay voces científicas de que el cambio climático quizás no es culpa nuestra…..

miércoles, 13 de enero de 2010

Hablar por teléfono


Alfonso Mendiola

Departamento de Historia, UIA


¿Cómo ha cambiado la evolución del teléfono la toma de decisiones? Para pensar esto debemos comenzar por la conversación más natural: la que realizamos con otra persona en un mismo lugar. Si nos detenemos en la comunicación cara a cara, debemos sacar la conclusión de que una decisión se tomaba, por dos personas o un grupo, en un espacio particular: la sala de juntas.


La sala de juntas obligaba a planear con anticipación las reuniones y el tiempo que iban a durar. Por otro lado implicaba el desplazarse de la casa al lugar de la reunión. Si añadimos que no había teléfono, las reuniones se tenían que programar con mucha anticipación y por un largo periodo.


Lo anterior significa lo siguiente: todos los participantes en la toma de decisión sabía que tenían que verse todos, y digo todos, los jueves de fin de mes a una hora determinada y en la sala de juntas. Pensemos el tiempo que eso implicaba y la planeación que exigía. Hay algo que quiero destacar de esta forma de tomar decisiones: los cuerpos y los rostros se hacían presentes. La gente se sentaba alrededor de una mesa y se veían los rostros unos a otros.

Después vino el teléfono fijo. A partir de ese momento las personas se podía citar de una semana a otra, es decir, las juntas no estaban calendarizadas, podían ser en cualquier momento. Los participantes podían saber con anticipación lo que se iba a tratar en cada reunión. Aún más, haber conversado con algunos de los participantes para llevar una propuesta común. De alguna forma la junta estaba preparada en sus contenidos de manera previa. Un límite era que no se podía encontrar a las personas en cualquier momento y cualquier lugar, pues el teléfono estaba o en la casa o en la oficina. Las personas no estaban al alcance en cualquier lugar y en cualquier momento. De alguna forma había que anticipar las cosas, nada al momento.

Finalmente llegó el teléfono móvil o celular, y lo vino a cambiar todo. Mientras que la llamada al teléfono fijo comenzaba por “bueno”, “con quien hablo”, “se encuentra tal persona”, etcétera. El teléfono móvil o celular construye una forma de comunicación absolutamente inédita.


La conversación comienza por la enigmática pregunta “en dónde te encuentras”, pues el móvil posibilita la ubicuidad absoluta. Para entender lo anterior bastaría con que cada lector pensara en que lugares ha contestado su celular: el coche, caminado por una pasillo, en un restaurante, en un cine, etcétera. La segunda pregunta es “puedes hablar, no te interrumpo”.


Todo los lugares en que se podría estar cuando se contesta un celular hacen que transformemos nuestra concepción de la comunicación. ¿Quién no ha visto a personas caminando por una calle y hablando por el celular? Ahora estamos a disposición permanente todo el tiempo. Hay de aquel que no conteste su celular. Estamos ante un mundo de la disposición absoluta. Este invento ha construido un mundo de la toma de decisiones totalmente nuevo.


En cualquier momento se puede tomar o cambiar una decisión. Hemos entrado en el mundo del tiempo cero, es decir, todo se hace al momento. El mundo del teléfono celular es el mundo donde sólo existe el presente inmediato, ya no hay pasado ni futura. El teléfono móvil como el imperialismo del presente. Por todo lo dicho, hagamos un homenaje, en este diciembre, a los hombres que se toman su tiempo para reflexionar con calma lo que deben hacer.

jueves, 17 de diciembre de 2009

El Bicentenario tras bambalinas

Emilio H. Quesada Aldana
Universidad Iberoamericana

La noche del 15 de Septiembre de 1810 inició nuestra lucha libertaria, pero ésta terminó con el fusilamiento de Morelos el 22 de Diciembre de 1815. Después vinieron otros sucesos como el de Francisco Xavier Mina, con otras raíces, cuyos ingredientes alimentaban otros enfoques.

El 21 de Septiembre de 1821 se consumó nuestra Independencia y comenzamos a ser libres de la tiranía que nos ligaba a España, pero analicemos los principios del ahora.

La España que nos engendró en el maridaje con las múltiples sangres indígenas fusionadas durante 300 años, partió del idealismo unificador de los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, en un deseo de integrar una España totalmente dispersa con el vínculo medieval de la única fe admitida. La fe que remataba en Cruz todas las coronas, producto del Sacro Imperio Romano convertido desde Constantino.

Bajo esta filosofía vivieron los Templarios, Cruzados, Monjes, Mendicantes y la iglesia en general, hasta la Reforma y la Contrarreforma.

Cuando América fue descubierta en 1492, solo se justificaba su dominio mediante la acción evangelizadora que redimiría a los paganos para alcanzar la única salvación. ¿Qué importaban todas las consecuencias temporales si al fin se les daba la salvación eterna?. Los Austrias, desde el Escorial, fueron consecuentes con este transcurrir filosófico. Se le llamó Hispanidad, “Si somos hijos de un mismo padre que es Dios, somos hermanos entre sí, de donde se sigue la igualdad esencial entre los hombres y entre los pueblos”.

Este concepto fue vigente con sus bemoles hasta el siglo SXVII, pero al gobernar los Borbones, a partir del siglo SXVIII, viene una mentalidad colonialista como la que habían conformado las posesiones inglesas y francesas, y el calvinismo había creado, según ellos, a los “auténticos hijos de Dios que podían y debían aprovechar a los réprobos a quienes ni Dios había aceptado (origen del Destino Manifiesto)”.

Este imperio español, explotador y ajeno, coincidió con el mayor auge mexicano, cuando ya nos empezábamos a llamar así: “Mexicanos”, cuando nuestra moneda era
la divisa fuerte en el comercio con Oriente, y la plata mexicana construía el Palacio Real de Madrid, y los baluartes caribeños, más por motivos económicos que bélicos.

La injusticia planteada por Abad y Queipo al Rey, no logró mermar nuestro saqueo, y la sociedad mexicana planeó un golpe de estado que comandado por el Ejército con Allende a la cabeza, sería avalada por la población civil , acaudillada por Hidalgo. Se lucharía por una justicia social. Este despertar, tras los errores de quienes no eran agitadores sino líderes, terminó con el fusilamiento de los primeros caudillos en 1811.

Tomó la estafeta Morelos, y logró grandes avances militares, pero sobre todo creó una conciencia de realidad social con “Los Sentimientos de la Nación” y el primer intento constitucional de México. El caudillo murió fusilado en 1815 por haber creído que los suyos eran aptos para la democracia. Con él muere el proyecto de una Independencia desde el pueblo y para el pueblo.

En 1821 la oligarquía que había derrotado a los Insurgentes se ve amenazada por el poder de facto de la masonería española en la revuelta llamada Revolución de Riego, jurando la Constitución de Cádiz que terminaba por anular aquella “Hispanidad” que nos había engendrado en el respeto a la Iglesia institucional y sus privilegios, afectando también a un mundo conservador con el pretexto de una liberalidad de cuño extranjero.

Las pláticas, que ahora llamaríamos de café, se llevaban tradicionalmente en La Profesa, iglesia anteriormente jesuita, en donde se recurría a las sabias exposiciones de los hijos de Loyola. Ahora el canónigo Matías de Monteagudo continuaba como anfitrión de los casos trascendentales.

En La Profesa acordaron que la Independencia que habían sofocado 6 años antes hubiera sido la solución para los problemas presentes. Ahora se procedería a ella pero desde los planteamientos de una sociedad patriota y nacionalista, mas burguesa.

Agustín de Iturbide, criollo, originario de Valladolid (Morelia), quien acabó con Morelos pero en opinión de Calleja (el comandante realista) y de los observadores de la época, el único que sería capaz de lograr la Independencia, fue el elegido para comandar el ejército que lograría la victoria.

Ésta se consumó el 21 de Septiembre de 1821, sin derramamiento de sangre, bajo el ideario que significaban los colores de nuestra bandera, inventada entonces para pregonar la lucha del Ejército Trigarante o de las 3 Garantías. Verde, color de esperanza, la lucha del pueblo mexicano por su Independencia; blanco, color de pureza, la de la religión católica mancillada por la legislación española; y rojo, color de sangre y amor: la unión de mexicanos y españoles por medio de la sangre, o sea el mestizaje de la nueva patria.

¡Quién le iba a decir a España que México consumaría su Independencia en defensa de la Hispanidad engendradora de la Mexicanidad.!

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Crónica de una apocalíptica chabacana en el siglo XXI


Pero el día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos… (Mt. 24:36)

Miguel Ángel Sánchez Carrión
Coordinador del Centro de Humanidades
Dirección de Educación Continua
Universidad Iberoamericana

Vengo escuchando desde hace algún tiempo una perorata sobre el fin del Mundo. Algunos dicen que los mayas lo predijeron para el 2012 y que su calendario era de los más exactos hasta ahora conocidos.


Esto, a pesar de que cualquier calendario actual es mucho más eficiente que el que podrían haber tenido los mayas que se encontraban en la Edad de Bronce. Lo que en realidad sucede es que en todo esto hay un sutil dejo de esoterismo socavado que quiere otorgarle a los mayas una sabiduría oculta, parecida a la que se le atribuye a los antiguos egipcios y que realmente no tiene ningún fundamento ya no digamos científico, sino de sentido común.


La precisión del llamado Calendario Maya es tan ambigua como el contenido del Libro de los Muertos o del Corpus Hermeticum, Es decir, está más en la mente de quien lo lee que en el texto mismo y estos libros, junto con muchos otros sobre el mismo tema, deberían agruparse en un Corpus Fantasticum, ad hoc para su volátil imaginación.


Otros, sin duda no menos obtusos que los anteriores, atribuyen el fin del Mundo al alineamiento planetario que tendrá lugar el 21 de diciembre del 2012, a pesar de que hemos tenido incontables alineamientos planetarios a lo largo de la historia y nunca ha pasado nada, como tampoco nada pasará en el alineamiento que viene.


Otros más seguramente asignan a Nostradamus y alguna de sus profecías que nadie entiende y por eso se pueden adaptar a casi cualquier evento sin que tenga ninguna importancia el lugar, la época o los protagonistas.


Pero de todos ellos, los que me han parecido más extraordinarios son los que atribuyen el fin del Mundo a lo que han escuchado de películas como la que lleva por título “2012” de Sony Pictures. Lo que me parece extraordinario es que exista gente que entienda la realidad a partir de la ficción y no la ficción a partir de la realidad.


El hombre es, dice Xavier Zubiri, un animal de realidades, no un animal de ficciones. Se alimentan de ficciones quienes tienen una mente anoréxica.


La agudeza mental proviene de la lectura, la meditación, la dialéctica y aquello que los griegos llamaban theoria y que consiste en un cuidadoso examen con la mirada que, junto con la Sophia, que suele traducirse como sabiduría y, al unirlas, el espíritu griego hizo emerger lo que hoy se llama filosofía y que consiste en el gusto por la sabiduría, pero no la sabiduría chanflona de que hablan los esotéricos y apocalípticos, sino aquella que proviene del cuidadoso examen de la realidad que la inteligencia hace, inter (entre) y legere (leer), al “leer” la realidad.


Es aquí donde justamente encontramos la sabiduría de occidente y no en tradiciones entenebrecidas por la superstición y la ignorancia. Si el fin del Mundo ha llegado, es porque el Mundo (Kosmos) en tanto que es orden, como lo entendieron primero los griegos y después los latinos, ya no existe. Ahora reina el desgarriate, la inconsistencia, lo que los mexicanos llamamos el desmadre.

jueves, 26 de noviembre de 2009

El amor en la obra de Julio Cortázar


Por: Armando Oviedo
Difusión Cultural, UIA

"Es otoño, los amantes ya se fueron"
Roberto Jordán

En el más reciente libro de Julio Cortázar (1914-1984), Papeles inesperados (Alfaguara, 2009) , reunidos por su albacea y primera esposa Aurora Bernárdez –gran traductora de Italo Calvino--, y por el joven crítico Carles Álvarez Garriga, encontramos al escritor que nunca será viejo ni debiera pasar de moda. El joven abuelo, quien murió a los 69 años, dejó constancia de que el amor rejuvenece a los maduros y hace madurar a los jóvenes y a los niños.

Algunos amigos que nacimos en la década de los sesenta, nos emocionamos con este escritor de enigmas fantásticos. Fue él quien motivo nuestra solidaridad con las causas humanistas pero más con la amistad. Quién no recuerda el grupo fraterno de los personajes de Rayuela o del Libro de Manuel, o la solidaria y trágica reunión de los viajeros estáticos en Los premios.

Pero estos mismos amigos que hoy releen al gran cronopio, sospechan de su vitalidad, juventud y romanticismo, propios de la perdida era de Acuario. Descubren, con íntima tristeza reaccionaria, que el autor de Todos los fuegos el fuego es para adolescentes. Creo yo que mis amigos han envejecido antes de tiempo, ahora son partidarios del desencanto y del realismo sucio; no saben de los buenos oficios del escritor de cara de niño barbón. Así lo delatan sus cuentos sobre adolescentes o de infantes descubriendo esa cosicosa alojada en el bajo vientre. Recordemos los cuentos “Silvia”, “Bestiario”, “Una flor amarilla” o “Final del juego”.

En Papeles inesperados mantiene en estado criogénico su juventud imaginativa como oro en paño o como divino tesoro temático; está el Cortázar que “avanza, retrocede, da un rodeo y llega siempre”. Del grueso volumen, seleccionen el cuento “Los gatos” y aprecien el amor amoroso de las parejas pares, de dos niños- adolescentes-jóvenes que se abandonan a la pesadumbre del amor.

El mundo actual necesita de los niños y de los jóvenes para renacer de sus cenizas. El amor sincero y el cariño nutrido con algo de miel y leche, no le hace mal a nadie, al contrario, traería remanso a este momento de realismo trágico de primera plana.

Sí, Cortázar es un escritor para jóvenes, pero jóvenes de corazón que no se anquilosan ni se dejan envolver por la inane responsabilidad de ser fieles a la dura realidad.

Es raro que un escritor como Julio Cortázar, quien navegó por los mares de la fantasía no haya sido catalogado como obligatoria lectura juvenil. El amor y la fantasía son armas cargadas de futuro, tan necesarias en este momento de dispersión y odios gratuitos. Volvamos a Cortázar y a la lectura fantástica para permanecer, sin cirugía estética, jóvenes, imaginativos y enamorados.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Sector 9, la ciencia ficción de nuestro tiempo


Carlos Gómez.

Psicoanalista y académico de la Universidad Iberoamericana.

Hace más de 20 años los aliens quedaron varados justo encima de la ciudad de Johannesburgo, ante la extrañeza y la impaciencia de los humanos su nave espacial fue abierta como una lata de sardinas. Moribundos y menesterosos en lugar de potentes y con cuerpo reluciente, los extraterrestres pronto son segregados y confinados a una zona de detención mientras se piensa qué hacer con ellos. El gobierno y la burocracia dicen, pero el peso de la inercia y la incapacidad de reconocer lo extraordinario imposibilitan ver que la visita es permanente.

Sector 9 es el filme del director sudafricano de Neil Blomkamp que muestra la mirada ciega de los humanos hacia los aliens (palabra que en inglés designa tanto a extraterrestres como a extranjeros). El recurso de la ciencia ficción abre la posibilidad de tomar distancia y mirar cómo Mikus van de Merwe, empleado de la transnacional MNU comanda un operativo humanitario para trasladar a “los langostinos” a una zona alejada de la ciudad por cuestiones humanitarias.


El protagonista no duda en utilizar el recurso legal y la supervisión de los derechos humanos. A los indeseables es mejor tenerlos lejos, más aún si son borrachos, huelen mal, se involucran en redes de tráfico de armas, se reproducen como conejos, viven de la pepena de basura, comen cabezas de cerdo o comida para gatos y además si llegan a poseer una computadora es porque seguramente la han robado: sospechosos de ser sospechosos.

La mezcla del poder absoluto de la empresa transnacional mezclado con el humanismo y la buena intención así como los paisajes híbridos entre edificios tecnológicos y casas de cartón habitadas por extraterrestres llegan a colapsar la distancia generada por la ciencia ficción y confundir a veces la película con algunas panorámicas de la Ciudad de México.

Sector 9 así como Niños del hombre (dirigida por el mexicano Alfonso Cuarón) son muestra de la ciencia ficción de nuestro tiempo: tonalidades grises, decadencia de ciudades llenas de basura, transnacionales, corrupción así como la proliferación de una seguridad privada que deviene casi omnipresente gracias a la tecnología. Cuarón afirma en una entrevista a propósito de Children of Men: “En muchos relatos del futuro siempre aparece algo así como el Big Brother, pero creo que ésa es una visión de la tiranía del siglo XX. La tiranía actual se presenta con nuevos disfraces (…) la tiranía del siglo XXI se llama ‘democracia’”.


Los gobernantes del mundo actual no son tercos burócratas grises, totalitarios y uniformados, sino administradores de empresas democráticos, ilustrados, cultos, sensibles, tolerantes y cada uno con su propio life style. En Niños del hombre el protagonista de la película visita a un viejo amigo que ha llegado a ser un ministro de alto rango y que vive en algo así como en un loft de una pareja recién casada de clase alta que no quiere tener hijos (recordemos el lugar central de la infertilidad en el filme). La diferencia es que en el loft de la película el David de Miguel Ángel habita el vestíbulo en lugar de una escultura de Siqueiros y además no está en la Condesa o algún bunker de Interlomas.

La película no está más en cartelera. No se habló mucho de ella. Quizá el director sudafricano acercó demasiado al espectador al odio, el goce y la risa. Odiamos a “los langostinos” porque orinan en la calle, gozamos del maltrato que se merecían y nos reímos cuando el personaje principal asesina a dos niños desconectándolos para posteriormente matar a sus hermanos lanzándoles fuego. Al final tomamos el lugar del personaje principal: angustiados por una transformación a medias de lo que más odiamos (pero que a la vez nos salva), alzamos la vista para mirar con ojo de lince a los demás.